Como el azúcar se encuentra en montones de alimentos que consumimos a diario, puede llegar un momento en el que perdamos el control de nuestra dieta por no tener muy claro lo que estamos consumiendo. Algunos refrescos azucarados tomados con excesiva regularidad (cuatro vasos diarios) pueden aportarnos un valor calórico equiparable a una comida principal, pero sin los correspondientes aportes vitamínicos ni nutritivos.
Y es que estas bebidas están elaboradas con unos volúmenes de azúcares que se alejan mucho de las recomendaciones sanitarias. Para que os hagáis una idea, 33 centilitros de refresco pueden contener entre 30 y 40 gramos de azúcar, mientras que la OMS aconseja que la ingesta de azúcar diaria no sea superior a un 10% de la ingesta calórica diaria (unos 50 gramos): es decir, con una sola lata casi estaríamos llegando al límite diario. Además, la OMS sugiere que sería saludable reducir ese porcentaje aún más, hasta el 5%.
Hay que apuntar aquí que las cantidades de azúcar contenido en un refresco son estimaciones, pues varían de unos a otros e incluso existen variaciones para el mismo producto dependiendo del país de distribución. La organización Action On Sugar, responsable de la elaboración del estudio que prueba estas disparidades, ha solicitado a los fabricantes que establezcan unos objetivos globales de reducción del contenido de azúcar a fin de combatir la epidemia de la obesidad a nivel global.
Los Zumos
Las bebidas carbonatadas no son las únicas responsables del aumento general de peso en la población. No podemos olvidar a uno de esos imprescindibles en nuestra bolsa de la merienda, que nos acompañaba durante toda nuestra infancia y lo hace ahora en la de nuestros hijos: el zumo. Ante el aumento de concienciación sobre los riesgos de los refrescos azucarados, muchos padres optan por promover el consumo de zumos entre sus hijos, pero pueden convertirse en un “arma de doble filo”.
Un zumo puede contener casi la misma cantidad de azúcar que una lata de refresco y a esto se suma el “agravante” de que estas bebidas les suele acompañar una aureola de salud y bienestar. Un estudio elaborado por científicos de las Universidades de Londres y Liverpool con 203 bebidas infantiles concluyó que el 42% de ellas contenían una cantidad de azúcares que iguala o supera la cantidad diaria recomendada para niños de 4 a 6 años; aunque estaban por debajo de otros tipos de bebidas en contenido glucémico, ni siquiera los zumos 100% quedaban libres de este problema. Según la OMS, un elevado consumo de zumos se asocia a un aumento de la obesidad.
Uno de los problemas es la asunción social del zumo como un sustituto de las piezas de fruta diarias recomendadas. Esto no debería ser así, ni siquiera en el caso de los zumos caseros, pues su consumo presenta obvias diferencias metabólicas. “La fruta hay que masticarla”, “produce una sensación saciante mayor que la de beber”.


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